Sigo sentado aquí, contemplándote,
siempre vigía, siempre atento,
esperando ver de nuevo renacer
algún signo de vida en ti.
Volverte a teñir de colores azul-verde,
dejando ya esa triste y seca apariencia amarilla,
pálida.
No se si gritarte que no vuelvas o suplicarte que regreses,
maldecir a los que desviaron tu curso
y secaron así mi visión,
dejando este inmenso hueco frente a mi.
Incluso las gaviotas aún te buscan.
Pasa la gente y me mira extrañada,
me aconsejan, me dicen,
creen que vas a regresar,
dicen:
-Cuando se ha visto que el mar desaparezca así,
de la noche a la mañana y sin dejar huella.
Dicen.
Intenté‚ romper todas aquellas barreras
y presas que pusieron en tus fuentes y secaron tu corriente,
intenté‚ liberar tu curso y hacerte libre una vez más.
Pero sólo conseguí destrozarme la manos con astillas
y convencerme de que ya te habías acostumbrado a ese nuevo curso,
a otras playas, que jam s regresarías,
ya no acariciarías mi playa,
ya no volvería a perderme en tu abrazo intermitente,
por momentos, a ratos violento y de pronto sutil,
tímido, hacia atrás.
Mis barcos y demás jugetes han encontrado a tu suplente.
Mis amigos ni siquiera te recuerdan,
han encontrado otro mar no lejos de aquí,
pero el mio, aquel que yo adoraba,
ya no está más.
No logro siquiera escuchar tu furia en esas noches tempestuosas,
volteo y pido a la luna que provoque otra marea más,
para atraerte
y poder sentir la caricia de tu espuma.
Sentir una vez más el miedo y la atracción que me infundías,
el respeto que sentía por ti,
y sentir al mismo tiempo la seguridad de nadar en aguas conocidas,
de saber hacia donde señalaban todas tus corrientes.
Intenté‚ guardar aquí,
a mi lado, siquiera tu voz,
encerrada en aquella caracola que dejaste en esta playa,
intenté...
Hoy, solo, en las noches,
puedo imaginar tu voz,
y toda esa magia que sentí en tus olas regresa a mí,
tan sólo para confirmarme que me revuelco en arena,
entre el aire y los gritos de las gaviotas que te buscan,
que te lloran.
Intenté‚ vencer a aquellos que contaminaron tus aguas y te pudrieron,
que acabaron con la vida en ti, pero fue inutil,
tú ya no regresarías con vida,
habías muerto cuando ya no me dejaron verte,
y siento miedo de pensar que pasaría
si me hubiese bañado en tus aguas ya sin vida.
Tu ya habías muerto,
yo, yo sigo aquí sentado,
esperando ver surgir en ti una vez más la vida,
sin voltear, sin dejar de mirar,
a donde alguna vez estuvo el mar.
Que vas a regresar,
dicen:
-Cuando se ha visto que el mar desaparezca así sin más.
Iruki, hace algunos años.
Diablos me hizo llorar!!
Precioso!!
Me ha gustado mucho, quizá sea porque estoy muy unida a mi mar Mediterraneo.
Un beso.
Tan bonito y tan triste. Tan diego.