Hubo un momento en nuestra vida en que estábamos tan unidos que nada parecía obstaculizar nuestra amistad y nuestra fraternidad, y sólo un pequeño puente de peatones nos separaba. Cuando estabas a punto de cruzarlo, te pregunté: "¿Quieres cruzar el puente para llegar a mí?". Pero ya no quisiste hacerlo; y cuando te lo volví a preguntar, te quedaste callado. Desde entonces se han interpuesto entre nosotros montañas, ríos torrenciales, todo lo que separa y despoja, y aunque quisiéramos reunirnos, no podríamos. Pero cuando ahora piensas en aquel pequeño puende, las palabras te faltan, y sollozas y te asombras.
De Nietzsche a Lou Salomé
El día que Nietzsche lloró, Irvin Yalom